A ver a ver. Construir una frase que incluya los sustantivos The Smiths, New Order y Pet Shop Boys puede ser bonito, pero resulta complicado. Imaginar una canción compuesta por esos tres sustantivos puede ser precioso, pero resulta más difícil. Ahora, soñar que el vídeo de esa canción lo dirige Chris Marker es pura mitomanía.
Parece ser que Bernard Summer y Johnny Marr se conocieron en una discoteca. Venga va, y si hacemos un grupo. Va, y llamamos a Neil Tennant para que nos haga unos coritos. Va, y hacemos una canción burlándonos de Morrisey. Va, va, y le decimos a Chris Marker que nos diriga el videoclip.
Denme un par de amigos borrachos y moveré el mundo.
“El ojo no es víctima de la inteligencia, pero cuando confluyen es algo único. Como en Marcel Duchamp. La fotógrafa nos muestra la mirada que en ese siglo más cambiará la nuestra.”
“Un cambio de ángulo y parece como si intuyera el mal entendido que le espera. Quería mostrar la vanidad del arte. Un día servirá al arte de la vanidad.”
” después de viajar por todo el mundo, sólo me interesa la banalidad”
“Me escribió: regreso de Hokkaido, la isla del norte. Los japoneses ricos y con prisa cogen el avión, los otros el ferry. La espera, la inmovilidad, el sueño fraccionado, curiosamente todo eso me lleva a una guerra pasada o futura, trenes nocturnos, alarmas, refugios atómicos. Pequeños fragmentos de guerra contenidos en la vida cotidiana. Le gustaba esa fragilidad de los momentos suspendidos. Esos recuerdos que sólo sirvieron para dejar nada más que recuerdos. Escribió: después de viajar por todo el mundo, sólo me interesa la banalidad. Durante este viaje la he acorralado con la perseverancia de un cazarrecompensas. Al alba estaremos en Tokio.” (Sans Soleil)
“Me escribió: entro por la costa de Chiba. Pienso en la lista de Shonagon, en todas esas cosas que bastaría con nombrar para que latiera el corazón. Con sólo nombrarlas. En nuestro país, el sol no es el sol si no está resplandeciente, o un manantial no lo es si no está limpio. Aquí, poner adjetivos sería tan maleducado como regalar objetos con la tarjeta del precio. La poesía japonesa no califica. Hay una manera de decir barco, roca, bruma, rana, cuervo, granizo, garza y crisantemo que las contiene todas. Estos días, la prensa sólo habla de un hombre de Nagoya. La mujer que amaba murió el año pasado, y él se sumergió en el trabajo a la japonesa, como un loco. Al parecer, hizo un gran descubrimiento en electrónica. Y luego, en el mes de mayo, se suicidó. Hay quien dice que no pudo soportar oír la palabra ‘primavera’.” (Sans Soleil)
“Me habló de Sei Shonagon, dama de honor de la princesa Sadako a principios del siglo XI, en el periodo de Heian. ¿Sabemos alguna vez dónde se hace la historia? Los dirigentes dirigían y se enfrentaban con complicadas estrategias. El verdadero poder lo poseía una familia de regentes por herencia. La corte del emperador no era más que un lugar de intrigas y de acertijos. Y ese pequeño grupo de ociosos ha dejado en la sensibilidad japonesa una huella más profunda que todas las imprecaciones de la clase política, al aprender a extraer de la observación de las cosas más simples una especie de consuelo melancólico. Shonagon tenía la obsesión de hacer listas, listas de “cosas elegantes”, de “cosas molestas”, o también de “cosas que no vale la pena hacer”. Un día tuvo la idea de escribir la lista de “cosas que hacen latir el corazón”. No es un mal criterio. Me doy cuenta cuando filmo.” (Sans Soleil)
“La historia sólo es amarga para los que la esperan azucarada.”
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“Me escribió que sobre las imágenes de Guinea Bissau habría que poner una música de Cabo Verde. Esta sería nuestra contribución a la unidad soñada por Amilcar Cabral. ¿Por qué un país tan pequeño y tan pobre iba a interesar al resto del mundo? Han hecho lo que han podido. Se liberaron, expulsaron a los portugueses, traumatizaron a su ejército hasta el punto de provocar el movimiento que derribó a la dictadura e hizo creer, por un momento, en una nueva revolución en Europa. ¿Quién se acuerda de todo eso? La historia lanza sus botellas vacías por la ventana.
Esta mañana me encontraba en el muelle de Pidjiguiti, donde empezó todo en 1959, con los primeros muertos de la lucha. Puede ser tan difícil reconocer África en medio de esta niebla gris como reconocer la lucha en la monótona actividad de los estibadores tropicales. Se rumorea que al día siguiente de la independencia, todos los líderes del tercer mundo acuñaron la misma frase, “ahora empiezan los verdaderos problemas”. Cabral no tuvo ocasión de decirla, le asesinaron antes; pero los problemas empezaron, continuaron y continúan. Problemas poco emocionantes para el romanticismo revolucionario: trabajar, producir, distribuir, superar el agotamiento después de la guerra, las tentaciones del poder y del privilegio. Y qué. La historia sólo es amarga para los que la esperan azucarada.” (Sans Soleil)
“Sinceramente, ¿se ha inventado algo más absurdo que decir a la gente, tal y como hacen en las escuelas de cine, que no miren a la cámara?” (Sans Soleil)
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“En los mercados de Bissau y Cabo Verde encontré la igualdad en la mirada y esa serie de gestos próximos al ritual de la seducción: yo la veo, ella me ha visto, ella sabe que la estoy viendo. Me mira, pero en el ángulo justo para disimular que me está mirando. Y finalmente, la mirada definitiva, de frente, que ha durado 1/24 de segundo, el tiempo de un fotograma. “
“La fotografía es la caza, es el instinto de cazar sin el deseo de matar. Es la caza de los ángeles. Rastreas, apuntas, disparas y… ¡clic!, en vez de un muerto, obtienes un ser eterno.”